David Martínez Romero
Afiliado: 17 Sep 2011
Aportes: 22
Ubicación: Madrid
Medallas: Ninguna
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Publicado: Sab Sep 17, 2011 7:56 pm Título del mensaje: Historia de lo mismo |
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HISTORIA DE LO MISMO
Hay momentos que se llenan de silencio
cuando nubes de color violeta cubren el horizonte
y edificios altos, rojos, amarillos, hienden
de grises surcos la nada urbana, y atardece.
Un segundo y la tarde es noche.
Un momento y lo que fue, desaparece.
Viaje tras viaje, estaciones de tren, carreteras, aeropuertos,
amigos, negocios, mujeres,
mis ojos de un lado a otro buscando, queriendo,
mis pies caminando, mis manos, sosteniendo,
calor en invierno, frío en el verano,
días, meses, años,
lentamente arrugas surcando la comisura de mis labios.
No dejéis nunca que me quiten estas pobres cicatrices.
Mi voz se agravará, como instrumento de cuerda y viento,
y cada vez más oscuros, mis deseos
se harán reflejo de mis actos.
Hablar, callar, hacer, dormir,
todo es siempre lo mismo
y nunca eterno. Pero hablo, a solas más a gusto,
y digo lo que veo, a oscuras,
en el interior profundo de mi cerebro.
Donde la realidad sucede,
donde la luz es tenue y cambia.
La cercanía es una mentira de los poderosos,
de todos aquellos que con su ley, sus ejércitos y sus fronteras
existen para dividir, y separan, uniendo en una sola mentira todas las esperanzas.
Yo no espero nada. Yo
puedo más que ellos.
Pero el tiempo pasa.
Los árboles bajo mi ventana crecen, se llenan de hojas, cubren las nubes,
pierden sus hojas, llega alguien y poda sus ramas.
Las mismas caras en el metro, siempre diferentes
aunque hermanadas por la estupefacción,
nacionales, residentes, inmigrantes ilegales,
una estación, otra, lluvia, sequía, palabras, pantallas de televisión,
modelos desfilando en la pasarela,
mis recuerdos, mi niñez, mis pensamientos
vagando por delgados versos incompletos,
lo que he escrito, lo que nunca he escrito, lo que jamás escribiré,
y entretanto la vida, el trabajo, la soledad, el sexo.
Astuta voluntad de dar.
Mi sabiduría crece en el abismo
hasta que un solo espectáculo de la mediocridad poda mi triunfo,
y vuelta a lo mismo.
Lo de siempre.
El ir y venir de las masas,
los medios de transporte, la insatisfacción,
la corrupción de los políticos
y mi escandalosa incapacidad para transmitir nada
que no sea duda, pérdida, cansancio.
Diamantina dureza para conmigo mismo,
restos de un antiguo amor por la belleza,
de un pasado impío en el que todo era siempre incierto
pero estaba vivo.
¿Hoy quién vive? Algunos libros
que descansan llenos de polvo en almacenes inmensos.
Cientos de ciudades respirando al unísono, ignorando
las señales del cielo y del infierno.
Con el final de las religiones se perdió la pasión por el instinto.
Solamente hay una civilización: el hombre.
La mujer será siempre un misterio.
Y en convivencia ilícita con la suciedad industrial
cada vez somos más y sentimos menos.
Pero el amor quiere abrirse camino.
Sólo por eso miro al mundo y sonrío.
Porque la repetición es un alivio.
Todo responde a una misma intensidad inicial:
la luz de la que todo mana
y a la que todo vuelve.
¿Soy yo esa luz?
Lo he sido
cuando he vivido plenamente,
o lo que es lo mismo,
cuando he sido dueño de mi felicidad y de mi tristeza.
Vivir es darse,
existir es olvidar que la entrega
es la única verdad.
Yo os doy lo que tengo.
No es mucho.
Pero es cierto.
Tomadlo o no, eso es asunto vuestro.
Yo seguiré caminando
mientras me quede aliento.
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